Vísperas de Navidad

El 24 de diciembre marca en el calendario, la antesala a una de las celebraciones más importantes entre los creyentes del cristianismo. Representa la víspera de la navidad, la conmemoración del nacimiento del salvador del mundo en un pesebre de Belén y sería llamado “Emanuel que traducido es Dios con nosotros” (Isaías 7:14, Mateo 1:23).

Navidad, una celebración a lo largo del mundo y dependiendo de las costumbres y tradiciones, se celebran de diversas maneras. En esa pluralidad de estilos, existen elementos que son el común denominador y es que definitivamente es una temporada donde los colores, luces, árboles visten las ciudades; los centros comerciales están abarrotados porque todos quieren dar un obsequio especial a sus seres amados. Por esas comodidades, las tendencias y los estilos que año con año son más impresionantes, hemos nublado un poco nuestra visión en la esencia de la temporada; al permitir que sea una época de alto valor comercial y no de la adopción de algunos valores humanos que parecen olvidarse el resto del año.

Esta navidad, sin imaginarlo, hemos vuelto a la esencia de este tiempo maravilloso; a regalar lo más valioso: nuestro tiempo y cariño a nuestros seres queridos. El ser agradecidos porque hemos podido ir afrontando todas las adversidades, y ante esta nueva realidad, hacemos una pausa que nos hace vibrar el corazón al recordar a los que han partido (Hebreos 4:16, Colosenses 2:7, Filipenses 4:6).

Mientras escribo esta entrega, vienen a mi memoria los recuerdos de mi infancia. Me embargan sentimientos de amor y nostalgia por los años pasados, las navidades en familia, los preparativos familiares, la decoración del árbol, los platillos tradicionales, las visitas a los abuelos, tíos, primos y amigos. Esperar juntos a que llegara la medianoche que indicaba el momento para elevar una oración por compartir en familia, bendecir los alimentos e intercambiar abrazos y regalos que, según el presupuesto; determinaría el tipo de regalo a recibir. ¿Cuán grande era la habilidad de nuestros padres en hacer que el dinero alcanzara para que todos tuviésemos algo? Todo aquello era felicidad y riqueza; ¡no lo sabíamos!, pero así era y no por el valor monetario del regalo, sino que por el amor con que era entregado (1 Tesalonicenses 5:18, Salmos 100:4, Salmos 63:4).

Años maravillosos aquellos, que son los tesoros más preciados de tiempos pasados; así que, en esta nochebuena, con una inmensa gratitud nos sentaremos a la mesa, regalando lo más preciado: la vida en familia, el tiempo con quienes amamos porque en navidad todos los caminos conducen a casa, compartir con los seres queridos y amigos un momento de alegría, paz, felicidad y fe porque hemos recordado que el pesebre es cada uno de nuestros corazones en el que permitimos nacer al Redentor del universo. ¡Esa amigo escritor, es la magia de la navidad! (Lucas 2:11-12, Juan 3:16, Mateo 2:11).

 Así que, en estas vísperas de navidad, deseo que el amor, la unión, la paz y la esperanza llenen tu corazón, que sea una nochebuena muy especial, que al calor de tu familia; eleven juntos una oración que les llene de fe e ilusión para que, en el pesebre de nuestro corazón, el Redentor, el Mesías tenga su lugar. Pero también llene de solidaridad para extender tu mano misericordiosa al más necesitado, al que necesita de alimento, abrigo y una palabra de aliento. Y, unidos en un sólo abrazo y en acción de gracias digamos tal y como lo dice el libro de San Lucas 2:14 “¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” 

¡Muy feliz navidad! Deseo que puedas alcanzar los anhelos de tú corazón, que todos esos proyectos sean una realidad y que juntos sigamos escribiendo nuestra vida con tes, porque somos los escritores de nuestro destino, eligiendo qué añadir, qué dejar, qué compartir y cómo impactar a los demás.

¡Hasta la próxima! 

Christmas Eve

December 24 marks on the calendar, the prelude to one of the most important celebrations among Christian believers. It represents the eve of Christmas, the commemoration of the birth of the savior of the world in a manger in Bethlehem and would be called “Emanuel that is, God with us” (Isaiah 7:14, Matthew 1:23).

Christmas, a celebration throughout the world and depending on customs and traditions, is celebrated in various ways. In this plurality of styles, there are elements that are the common denominator and it is definitely a season where colors, lights, trees dress the cities; shopping malls are crowded because everyone wants to give a special gift to their loved ones. Because of those comforts, trends and styles that are more impressive year after year, we have somewhat clouded our vision in the essence of the season; by allowing it to be a time of high commercial value and not the adoption of some human values ​​that seem to be forgotten the rest of the year.

This Christmas, without imagining it, we have returned to the essence of this wonderful time; to give away the most valuable: our time and love to our loved ones. Being grateful that we have been able to face all adversities, and before this new reality, we pause that makes our hearts vibrate as we remember those who have left (Hebrews 4:16, Colossians 2: 7, Philippians 4: 6).

As I write this installment, memories of my childhood come to mind. Feelings of love and nostalgia for years gone by, family holidays, family preparations, tree decoration, traditional dishes, visits to grandparents, uncles, cousins ​​and friends overwhelm me. Wait together for midnight to arrive, which indicated the time to raise a prayer to share with the family, bless the food and exchange hugs and gifts that, according to the budget; would determine the type of gift to receive. How great was our parents’ ability to make money enough for all of us to have something? All this was happiness and wealth; We did not know! But it was so and not because of the monetary value of the gift, but because of the love with which it was given (1 Thessalonians 5:18, Psalm 100: 4, Psalm 63: 4).

Those wonderful years, which are the most precious treasures of times past; So, on this Christmas Eve, with immense gratitude we will sit at the table, giving away the most precious things: family life, time with those we love because at Christmas all roads lead home, share with loved ones and friends a moment of joy, peace, happiness and faith because we have remembered that the manger is each of our hearts in which we allow the Redeemer of the universe to be born. That writer friend is the magic of Christmas! (Luke 2: 11-12, John 3:16, Matthew 2:11).

So, on this Christmas Eve, I wish that love, union, peace and hope fill your heart, that it be a very special Christmas Eve, that it would be in the warmth of your family. Raise together a prayer that fills you with faith and hope so that, in the manger of our hearts, the Redeemer, the Messiah has his place. But also fill with solidarity to extend your merciful hand to those most in need, to those who need food, shelter and a word of encouragement. And, united in a single embrace and in thanks, let us say as the book of Saint Luke 2:14 says: “Glory to God in the highest, and on earth peace among men with whom he is pleased!”

Merry Christmas! I wish that you can achieve the desires of your heart, that all those projects become a reality and that together we continue to write our lives with you, because we are the writers of our destiny, choosing what to add, what to leave, what to share and how to impact others. 

Until next time!

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