La suma de nuestros esfuerzos

Con el paso de los años, nuestras habilidades van cambiando por el deterioro natural de la vida; pero nunca dejará de sorprenderme la capacidad que tiene el ser humano en aprender cada día y hacer uso de sus dones y talentos (Proverbios 31:17.

El cambio de cada estación es la oportunidad de aprender nuevas maneras de hacer las cosas, de sentirnos que somos parte del mundo y que con nuestro aporte contribuimos a lograr algo nuevo.

Cada tarea, por pequeña que parezca, es importante para lograr grandes objetivos; la suma de nuestros esfuerzos son esos resultados asombrosos que un ser humano puede aportar en cualquier etapa de su vida.

Sin importar nuestra edad, somos tan receptivos para aprender, hacer, desaprender y crear tantas ideas, como actividades podamos imaginar (Josué 1:9). 

Y para esos momentos de adversidad, recordemos que aunque nuestras fuerzas no sean las de nuestros mejores años; tenemos un alma fuerte que anhela seguir construyendo nuestra mejor versión cada día. Un espíritu inquebrantable que se ha forjado a lo largo de las tempestades y nos ha hecho renacer más sabios, más humanos (Isaías 41:10).

La suma de nuestros esfuerzos son el combustible que nos ayuda a seguir compartiendo con los demás, disfrutando los detalles, siendo agradecidos y manteniendo el equilibrio que se necesita para nuestro ego.

Valoremos y agradezcamos en la estación que nos encontramos, la esencia de nuestro ser es la misma sin importar sea nuestra primavera, verano, otoño o invierno; lo que cada temporada hará es mostrarnos un matiz de crecimiento que debemos superar en cada una de ellas pero que juntas son la suma nuestros esfuerzos (1 Tesalonicenses 5:18).

La vida es un regalo maravilloso, muchas veces lo olvidamos pero siempre es oportuno recordarlo cuán agradable es y sobre todo aprender a vivir con todos sus matices, para  que en nuestro último aliento en paz, amor, humildad, serenidad y gozo; celebremos la suma de nuestros esfuerzos (Mateo 6:25). 

Me despido con el Poema Paz de Amado Nervo: “Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje las mieles o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales, coseché siempre rosas…Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡más tú no me dijiste que mayo fuese eterno! Hallé sin duda largas las noches de mis penas; mas no me prometiste tan sólo noches buenas; y en cambio tuve algunas santamente serenas…Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

¡Hasta la próxima!

The sum of our efforts

Over the years, our abilities change due to the natural deterioration of life. However, I will never cease to be amazed at the ability of human beings to learn every day and make use of their gifts and talents (Proverbs 31:17.

The change of each season is the opportunity to learn new ways of doing things, to feel that we are part of the world and that with our contribution we contribute to achieve something new.

Every task, no matter how small it may seem, is important to achieve great goals. The sum of our efforts are those amazing results that a human being can bring at any stage of his life.

Regardless of our age, we are as receptive to learning, doing, unlearning, and creating as many ideas as we can imagine (Joshua 1: 9).

And for those moments of adversity, let us remember that although our strengths are not those of our best years, we have a strong soul that yearns to continue building our best version every day. An unbreakable spirit that has been forged throughout the storms and has made us reborn wiser, more human (Isaiah 41:10).

The sum of our efforts are the fuel that helps us to continue sharing with others, enjoying the details, being grateful and maintaining the balance that is needed for our ego.

Let us value and be grateful in the season that we find ourselves, the essence of our being is the same regardless of whether it is our spring, summer, autumn or winter. What each season will do is show us a nuance of growth that we must overcome in each one of them, but that together our efforts are the sum (1 Thessalonians 5:18).

Life is a wonderful gift, many times we forget it, but it is always opportune to remember how pleasant it is and above all to learn it to live with all its nuances, so that in our last breath in peace, love, humility, serenity and joy. Let’s celebrate the sum of our efforts (Matthew 6:25).

I say goodbye with the Poem Paz de Amado Nervo: “Very close to my decline, I bless you, my life, because you never gave me failed hope, or unjust work, or undeserved grief; because I see at the end of my rough path that I was the architect of my own destiny; that if I extracted the honeys or gall from things, it was because I put gall or tasty honeys in them: when I planted rose bushes, I always harvested roses … eternal! I certainly found the nights of my sorrows long; but you didn’t just promise me good nights; and instead I had some holy serene ones… I loved, I was loved, the sun caressed my face. Life, you owe me nothing! Life, we are at peace!”

Until next time!

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